El
cruce de opiniones públicas produce un cúmulo
de suceptibilidades
No
somos propensos a la crítica porque entendemos
que nuestro sector – La MINERIA ARGENTINA –
tiene en su haber más ventajas que desventajas.
Muchas más expectativas que dudas respecto de su
destino. Es importante señalar a este respecto
con la mayor precisión, que la minería es
hoy una realidad incontrastable, que ha llegado en un
momento en que el país necesitaba definir las distintas
formas de su desarrollo, muy particularmente de las economías
regionales.
Consecuentemente
debe señalarse que la política minera vigente
en el país es, fundamentalmente, una visión
de futuro y no puede ser definida como una imposición
del Estado. Y esto porque las alternativas que se le presentan
dependen, sin duda alguna, de la vigencia de sus reglas
de juego más estables y más confiables,
de su institucionalidad sólida y del estricto cumplimiento
de los deberes de todo funcionario público.
La
política minera no es instrumento improvisado.
Por el contrario, se trata de una decisión histórica
que tomó el Estado, avalada por un Acuerdo Federal,
donde ningún representante de las provincias ha
estado ausente. Y esta política de Estado está
vigente en todo el país a pesar de las distintas
contradicciones que aparecen como distorsiones de la responsabilidad
de representar.
Se
cruzan en el camino del desarrollo minero como una negación
permanente. Se cruzan en la acción de quienes cumplen
la ley. Se cruzan en quienes invierten, trabajan y generan
riqueza y trabajo. Y se cruzan ante quienes lo único
que esperan es el progreso de las regiones donde han sido
la marginalidad en las diferentes etapas de la historia,
donde hoy el recurso minero aparece como una respuesta
a la acción negativa del poder centralizado.
Este
escenario de contradicciones que tiene la minería
del país, este cruce de opiniones públicas
enajena cada vez más gravemente la realidad que
vino dándose en el sector, que mostraba al mundo
entero una sorprendente evolución con nítidos
matices de asentamiento real de las inversiones, de empresas
de nivel internacional y la apertura de una extraordinaria
proyección al futuro. Si observamos detenidamente
esta realidad, entenderemos que Argentina dio a luz en
la sociedad la expectativa de haberse asociado a las grandes
transformaciones que se produjeron en el mundo, creando
las condiciones imprescindibles que plantea el crecimiento
de sus regiones periféricas, donde se requieren
soluciones permanente a los males de la pobreza y la marginalidad,
por los
cuales manifiestan su preocupación los centros
de poder y los organismos mundiales preocupados por el
futuro de la humanidad.
¿Será
difícil de entender esta realidad?